La muerte anunciada de las Librerías de Viejo en la calle de Donceles de CDMX
La gentrificación es una problemática urbana por la que se está sufriendo en
gran medida dentro de la CDMX, sin embargo, no es una situación que sepa
distinguir entre fronteras de ningún tipo. Por lo que afecta tanto a la compra/
renta de viviendas como a la de locales de negocios, a intereses sociales como a
los comerciales, y afecta tanto en una colonia/ barrio como a una ciudad y/o sus
alrededores. En el caso del centro de la Ciudad de México, se vive un problema
que afecta a comerciantes de antaño como el de los vendedores de libros usados o
cómo se autodenominan cómo vendedores de “libro de viejo”, mismos que en algunos
casos alcanzan hasta 4 generaciones atrás de los actuales dueños. Estos
comerciantes se ven en problemas por el alza del precio de la renta, la baja
venta y el poco interés del publico por la compra de libros y en específico por
la compra de libros usados.
La gentrificación en CDMX
Ahora, para entender mejor lo que está sucediendo con estos comerciantes es importante tener en claro que la gentrificación es un problema social que proviene del urbanismo y “es un proceso de reestructuración de relaciones sociales en el espacio. Hace referencia a que distintos sectores de la población con mayor capacidad económica se apropian de espacios urbanos que presentan ciertas cualidades, por ejemplo, áreas verdes, buena ubicación, equipamiento, infraestructura y zonas culturales que son muy buscadas por el capital inmobiliario (…) En esos sitios, antes empobrecidos, pero con cualidades, se construyen inmuebles para gente de ingresos medios y altos. Por sus limitados recursos económicos los originarios no pueden continuar con el alquiler allí́” (UNAM Global, 2024). Así lo define el geógrafo Luis Alberto Salinas Arreortua, investigador del Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM. Sin embargo, los procesos de gentrificación en esta ciudad no son un fenómeno nuevo, pues este no se encuentra limitado a la actualidad o referente a gente extranjera, sino que también responde a sucesos cómo la edificación del complejo departamental en Tlatelolco en el siglo pasado, y en el que se vieron desplazadas a las personas de escasos recursos que vivían en las inmediaciones del ahora extinto patio de maniobras para los trenes que llegaban a la vía de conexión de la estación Buenavista para dar paso a la construcción de la nueva zona habitacional para gente con mayor poder adquisitivo que el suyo. Por lo que implica una situación en la que la cultura del lugar, el orden visual que esta adopta, el tipo de comercio, el tipo de tránsito y los medios de transporte son consecuencias además de las cuestiones monetarias.
Pandemia, la gota que derramó el vaso
En tiempos modernos se ha convertido en un tema serio de debate desde que debido a las medidas de aislamiento tomadas por la pandemia de Covid-19 en nuestro país, la gente tuvo que adoptar el trabajo en casa o “home office” tanto a nivel nacional como internacional, por lo que cualquier lugar geográfico servía para trabajar siempre y cuando se contara con una buena señal de internet. Es así que comenzó la llegada de estos nómadas digitales en busca de un lugar atractivo para vivir y con precios más bajos que en su lugar de residencia gracias al tipo de cambio o las facilidades que pudiera ofrecerles económicamente una ciudad como la CDMX como lo son comida y transporte barato. Esto evidentemente es un beneficio para ellos y para los ojos del gobierno, pues no solo permite un aumento en el turismo, sino que ayuda en el interés inmobiliario permitiendo entre otras cosas, un mayor ingreso tributario por todo lo anteriormente mencionado. Sin embargo, el lado feo se lo llevan aquellos que ya se encontraban en las zonas en la que estos nómadas se ven interesados, pues el aumento en la demanda de inmuebles genera un incremento en la renta y conforme llegan estas nuevas personas, un interés de consumo en el que los comerciantes no pueden adentrarse (o al menos no la mayoría), por lo que terminan buscando lugares hacia las periferias en dónde la renta no haya subido como en su lugar de origen, pero en el peor de los escenarios terminan cerrando.
Foto: Librería de Donceles con letrero de traspaso
Las librerías de viejo, un patrimonio cultural en el olvido
Fue durante la investigación de los ambientes de lectura que existen en distintas zonas de la ciudad, que se descubrió a la “Librería del Gato Culto” sobre la unión de la Avenida México-Tenochtitlán y Avenida Hidalgo, en dónde Eunice López, su madre y la gata Mina a quién se le referencia en el nombre y logo del negocio, resisten y administran un negocio escondido entre las jardineras, una ciclo-pista y una estación del Metrobús. Y que fuera desplazado hace aproximadamente 15 años de la calle de Donceles, una zona de librerías de libros de segunda mano siendo su actual locación una sucursal que terminó convirtiéndose en la principal por culpa del alza de los precios en la renta de locales. Y que se ven incluso con el temor de que esto pueda volver a suceder en la nueva locación de su librería. “Teníamos tres sucursales en la calle de Donceles (…) se fueron cerrando por cuestiones diversas, por el aumento de la renta, porque no eran viables… por eso fueron cerrando (…) En este momento, y ya después de lo sucedido por la pandemia, por los altos costos de la renta, porque la gente ya no quiere leer, porque tenemos pegados a los vendedores de libros de aquí de San Fernando, es lo que causa que ya no sea costeable tener aquí la librería”. Ella también nos explica en entrevista que también hubo en algún momento un intento por acercarse a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México para solicitar que las “librerías de viejo” se conviertan en un patrimonio cultural de la CDMX, pero sin llegar a una conclusión por ambas partes. Aún así, Eunice ve la posibilidad de encontrar un nuevo acercamiento con las autoridades después del próximo cambio de administración en el gobierno de la ciudad. Foto: Eunice y su gata "Mina" En la entrada de la "Librería del gato culto".
Pero incluso viéndose realizado este posible acercamiento con Cultura, en la zona de Donceles, los trabajadores de las pocas librerías que resisten a irse de esa calle ven un futuro poco prometedor para sus lugares de trabajo y sus empleadores. “Creo que sería u punto a favor, pero no sería un remedio al problema del cierre (de las librerías) … entonces creo que una de las estrategias que les serviría a los libreros es también poder tener precios más competitivos, pero podría ser que ayude esto de ponerlas como patrimonio”. “Creo que si no se difunde la lectura o el valor histórico que tiene la calle de Donceles, creo que incluso antes de 10 años todas las librerías van a estar cerradas, porque ya no quedan muchas. Creo que solo quedan 7 librerías contándonos a nosotros, abiertas.” Compartía para nosotros, Irving, quién es trabajador en “El Tomo Suelto” y que a pesar de llevar a penas 4 meses en el lugar, ha podido ver en ese mismo tiempo el cierre de librerías vecinas y que augura el que esto seguirá pasando. Aún se teoriza a nivel internacional sobre las soluciones ante los problemas de gentrificación, además, se vuelve complicado encontrar una sola solución a un problema que abarca tantas cosas al mismo tiempo sin terminar perjudicando a nuevos personajes o grupos, o por terminar de hundir a los que ya se encontraban en problemas desde un inicio. De cualquier modo, empezar por solucionar a pasos pequeños pero trascendentales como el fomento a la lectura y a los patrimonios culturales de cada zona, podría permitir dar un respiro tanto a comerciantes de la zona centro de la capital, cómo al resto de colonias que se encuentran en situaciones similares. Pero también esto evidencia que cómo residentes de origen no hay una suficiente resistencia ni protesta ante el alza de las rentas ni al borrado de la propia identidad que hace a la Ciudad de México una ciudad de alto valor cultural.
Foto: Una de las alternativas que tienen estos negocios es la autodifusión en redes sociales. Separador temático de la "Librería del gato culto"
La gentrificación en CDMX
Ahora, para entender mejor lo que está sucediendo con estos comerciantes es importante tener en claro que la gentrificación es un problema social que proviene del urbanismo y “es un proceso de reestructuración de relaciones sociales en el espacio. Hace referencia a que distintos sectores de la población con mayor capacidad económica se apropian de espacios urbanos que presentan ciertas cualidades, por ejemplo, áreas verdes, buena ubicación, equipamiento, infraestructura y zonas culturales que son muy buscadas por el capital inmobiliario (…) En esos sitios, antes empobrecidos, pero con cualidades, se construyen inmuebles para gente de ingresos medios y altos. Por sus limitados recursos económicos los originarios no pueden continuar con el alquiler allí́” (UNAM Global, 2024). Así lo define el geógrafo Luis Alberto Salinas Arreortua, investigador del Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM. Sin embargo, los procesos de gentrificación en esta ciudad no son un fenómeno nuevo, pues este no se encuentra limitado a la actualidad o referente a gente extranjera, sino que también responde a sucesos cómo la edificación del complejo departamental en Tlatelolco en el siglo pasado, y en el que se vieron desplazadas a las personas de escasos recursos que vivían en las inmediaciones del ahora extinto patio de maniobras para los trenes que llegaban a la vía de conexión de la estación Buenavista para dar paso a la construcción de la nueva zona habitacional para gente con mayor poder adquisitivo que el suyo. Por lo que implica una situación en la que la cultura del lugar, el orden visual que esta adopta, el tipo de comercio, el tipo de tránsito y los medios de transporte son consecuencias además de las cuestiones monetarias.
Pandemia, la gota que derramó el vaso
En tiempos modernos se ha convertido en un tema serio de debate desde que debido a las medidas de aislamiento tomadas por la pandemia de Covid-19 en nuestro país, la gente tuvo que adoptar el trabajo en casa o “home office” tanto a nivel nacional como internacional, por lo que cualquier lugar geográfico servía para trabajar siempre y cuando se contara con una buena señal de internet. Es así que comenzó la llegada de estos nómadas digitales en busca de un lugar atractivo para vivir y con precios más bajos que en su lugar de residencia gracias al tipo de cambio o las facilidades que pudiera ofrecerles económicamente una ciudad como la CDMX como lo son comida y transporte barato. Esto evidentemente es un beneficio para ellos y para los ojos del gobierno, pues no solo permite un aumento en el turismo, sino que ayuda en el interés inmobiliario permitiendo entre otras cosas, un mayor ingreso tributario por todo lo anteriormente mencionado. Sin embargo, el lado feo se lo llevan aquellos que ya se encontraban en las zonas en la que estos nómadas se ven interesados, pues el aumento en la demanda de inmuebles genera un incremento en la renta y conforme llegan estas nuevas personas, un interés de consumo en el que los comerciantes no pueden adentrarse (o al menos no la mayoría), por lo que terminan buscando lugares hacia las periferias en dónde la renta no haya subido como en su lugar de origen, pero en el peor de los escenarios terminan cerrando.
Foto: Librería de Donceles con letrero de traspaso
Las librerías de viejo, un patrimonio cultural en el olvido
Fue durante la investigación de los ambientes de lectura que existen en distintas zonas de la ciudad, que se descubrió a la “Librería del Gato Culto” sobre la unión de la Avenida México-Tenochtitlán y Avenida Hidalgo, en dónde Eunice López, su madre y la gata Mina a quién se le referencia en el nombre y logo del negocio, resisten y administran un negocio escondido entre las jardineras, una ciclo-pista y una estación del Metrobús. Y que fuera desplazado hace aproximadamente 15 años de la calle de Donceles, una zona de librerías de libros de segunda mano siendo su actual locación una sucursal que terminó convirtiéndose en la principal por culpa del alza de los precios en la renta de locales. Y que se ven incluso con el temor de que esto pueda volver a suceder en la nueva locación de su librería. “Teníamos tres sucursales en la calle de Donceles (…) se fueron cerrando por cuestiones diversas, por el aumento de la renta, porque no eran viables… por eso fueron cerrando (…) En este momento, y ya después de lo sucedido por la pandemia, por los altos costos de la renta, porque la gente ya no quiere leer, porque tenemos pegados a los vendedores de libros de aquí de San Fernando, es lo que causa que ya no sea costeable tener aquí la librería”. Ella también nos explica en entrevista que también hubo en algún momento un intento por acercarse a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México para solicitar que las “librerías de viejo” se conviertan en un patrimonio cultural de la CDMX, pero sin llegar a una conclusión por ambas partes. Aún así, Eunice ve la posibilidad de encontrar un nuevo acercamiento con las autoridades después del próximo cambio de administración en el gobierno de la ciudad. Foto: Eunice y su gata "Mina" En la entrada de la "Librería del gato culto".
Pero incluso viéndose realizado este posible acercamiento con Cultura, en la zona de Donceles, los trabajadores de las pocas librerías que resisten a irse de esa calle ven un futuro poco prometedor para sus lugares de trabajo y sus empleadores. “Creo que sería u punto a favor, pero no sería un remedio al problema del cierre (de las librerías) … entonces creo que una de las estrategias que les serviría a los libreros es también poder tener precios más competitivos, pero podría ser que ayude esto de ponerlas como patrimonio”. “Creo que si no se difunde la lectura o el valor histórico que tiene la calle de Donceles, creo que incluso antes de 10 años todas las librerías van a estar cerradas, porque ya no quedan muchas. Creo que solo quedan 7 librerías contándonos a nosotros, abiertas.” Compartía para nosotros, Irving, quién es trabajador en “El Tomo Suelto” y que a pesar de llevar a penas 4 meses en el lugar, ha podido ver en ese mismo tiempo el cierre de librerías vecinas y que augura el que esto seguirá pasando. Aún se teoriza a nivel internacional sobre las soluciones ante los problemas de gentrificación, además, se vuelve complicado encontrar una sola solución a un problema que abarca tantas cosas al mismo tiempo sin terminar perjudicando a nuevos personajes o grupos, o por terminar de hundir a los que ya se encontraban en problemas desde un inicio. De cualquier modo, empezar por solucionar a pasos pequeños pero trascendentales como el fomento a la lectura y a los patrimonios culturales de cada zona, podría permitir dar un respiro tanto a comerciantes de la zona centro de la capital, cómo al resto de colonias que se encuentran en situaciones similares. Pero también esto evidencia que cómo residentes de origen no hay una suficiente resistencia ni protesta ante el alza de las rentas ni al borrado de la propia identidad que hace a la Ciudad de México una ciudad de alto valor cultural.
Foto: Una de las alternativas que tienen estos negocios es la autodifusión en redes sociales. Separador temático de la "Librería del gato culto"



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